4 higos frescos
100 g de crema
150 g de azúcar
600 cc de vino tinto
1 rama de canela o 1 cascara de naranja
Lavar cuidadosamente los higos y luego secarlos con un lienzo. Reservar. Batir la crema a punto con una cucharada de azúcar
y reservar en la heladera, tapada con film.
Colocar en una ollita el vino, la canela o la naranja y el azúcar restante a fuego bajo. Dejar reducir hasta la cuarta
parte, observarlo cada 5 minutos y rectificar con una cuchara la textura de la mezcla tomando un poco del líquido y dejándolo
caer: si cae sin cortarse eso indica que aún falta para la reducción y si al caer se va cortando el hilo es porque ya está
en su punto. En este momento hay que retirarlo del fuego y dejarlo enfriar en la ollita. Tener en cuenta que, una vez frío,
el líquido se va a espesar.
Colocarlo en un recipiente y taparlo con film. Luego, llevarlo a la heladera.

50 g de azúcar rubio
1 ramita de romero o tomillo
Cortar los higos al medio, colocarles encima una cucharada de crema espolvorear con el azúcar rubio (no hay que endulzarlos
demasiado porque, de por sí, tienen un 12% de azúcar ). Por último, hay que salsearlos con un poco de la reducción de vino
tinto que se preparó. El resto de esta reducción se podrá conservar muy bien y durará, por lo menos, 3 meses. Terminar el
plato adornándolo con algunas hojitas de tomillo o de romero. En este paso, hay que cuidar de no tapar los higos porque deben
lucir frescos, apetitosos y tentadores para los que los comen por primera vez.
Hay 600 variedades de higos y la estación de mayor producción es el verano. La piel de estos frutos puede ser verde, blanca
o morada. Al comprarlos debemos tener en cuenta que no estén marcados o golpeados. Por ser tan frágiles y tiernos, un golpe
hará que se malogren en, apenas, unas horas. Cuando los higos estén maduros, el cabo estará seco y al abrirlos se desprenderá
una 'lágrima" de almíbar.
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